Frasco de mesa
250 gPara la tostada del domingo, la cucharada antes del café, el queso de cabra envejecido.
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La flor más venezolana que pocos venezolanos saben nombrar. Nace silvestre tras la lluvia, tapiza la sabana oriental de un azul-violeta breve, y desaparece.
Hyptis suaveolens. Hierba aromática de la familia de la albahaca y el romero. No se cultiva. No se domestica. Solo se espera.
Cuatro siglos de un oficio que se transmite igual: con paciencia, con humo y con respeto a la lluvia.
Cada año, entre mayo y agosto, las colmenas se mueven a los apiarios cercanos a los farallones de Chimire. Solo cuando el mastranto florece, empezamos.
Trabajamos la miel por apiario, lote y zafra. El origen floral debe respaldarse con el análisis correspondiente; el informe de la zafra 2026 está pendiente.
Etiquetamos a mano, lote a lote, con el año de zafra y el número de frasco, siempre en vidrio: un material inerte que no altera el aroma, el sabor ni las propiedades naturales de la miel. Sacamos pocos kilos. No hacemos más.
Frascos de 250 g, botellas de 500 g, tarros de 1 kg y cajas de regalo. Consulte el lote y la zafra disponibles antes de confirmar su pedido.
Para la tostada del domingo, la cucharada antes del café, el queso de cabra envejecido.
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Para la casa donde la miel se gasta a diario: el desayuno, la infusión de la noche, el aliño de la ensalada.
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El formato original del oficio. Para cocinas, reposterías y chefs que cocinan con miel de verdad.
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Caja de madera con grabado personalizable. Country Club, despachos, regalo corporativo de fin de año.
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Por ahora, El Colmenero Real está en un punto de venta en Caracas. También está a un mensaje de distancia.
Puede encontrarla en El Arabito, en Caracas, o pedirla directamente por WhatsApp, con entrega en la ciudad y envío al resto del país. La lista de comercios irá creciendo.
Creemos en los oficios lentos. En la mano que conoce el peso del panal antes de abrirlo y en la abeja que conoce el camino antes de volar. Creemos que una miel buena no se inventa en un laboratorio: se espera.
Defendemos al colmenero pequeño frente a la industria del jarabe falso. Defendemos al producto verdadero frente al producto vistoso. Defendemos el oficio frente al algoritmo. Y defendemos una idea sencilla: que el lujo, cuando es de verdad, es sobrio.